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Menos paneles de diversidad y más botines en el barro: la verdad sobre liderar en logística

Estoy un poco cansada de que en los eventos corporativos me inviten a hablar de “liderazgo femenino” como si fuera una categoría aparte, una nota de color. Vamos a decir las cosas como son: cuando te sentás a negociar un contrato crítico para asegurar la cadena de suministro en Vaca Muerta o en la Puna, a nadie le importa tu género. A la mina que está esperando los equipos para no frenar la operación le importa la eficiencia, la seguridad y tu capacidad para resolver problemas cuando la ruta se corta.

Cuando asumí la presidencia de Tradelog en 2025, no les voy a mentir, el síndrome del impostor te golpea. Venía de la Gerencia de Compras a liderar una compañía pesada en un sector históricamente de hombres. Al principio dudás. Te preguntás si tenés que impostar la voz, endurecer el carácter o actuar como “uno más de ellos” para que te respeten. Pero a los golpes aprendés que el respeto en este negocio no se gana gritando; se gana con la calculadora, mitigando riesgos y anticipando desastres. Cuando lográs reducir los costos operativos un 15% sin tocar la calidad del servicio, las miradas de reojo se convierten en silencio, y después, en consultas.

Los manuales de management repiten que “la diversidad enriquece la toma de decisiones”. Suena hermoso en un PowerPoint. Pero en la trinchera, la diversidad significa algo mucho más crudo: significa que alguien en la mesa vea un riesgo que los otros diez tipos —que piensan igual y hacen las cosas igual hace veinte años— no vieron. No necesitamos mujeres en la logística o en la energía para llenar una cuota progre en un reporte de sustentabilidad. Las necesitamos porque aportan una meticulosidad, una lectura del riesgo y una gestión de crisis que hoy te salvan el balance anual.

A las chicas que hoy están estudiando ingeniería, logística o negocios y miran estos sectores de reojo, les digo la verdad: es un terreno áspero. Te vas a cruzar con prejuicios y a veces vas a sentir que tenés que demostrar el doble. Pero no esperen a que las empresas armen “programas de equidad” para animarse a entrar. Pinchen la burbuja.

El desarrollo energético y minero de Argentina necesita cerebros frescos y capacidad de adaptación extrema. No importa si para ir a la operación usás zapatos de seguridad talle 44 o talle 37. El desafío que tenemos las que ya llegamos no es ser la anécdota inspiradora; es hacer que nuestra presencia sea tan habitual, tan indiscutible por sus resultados, que dejen de invitarnos a hablar de género y nos inviten a hablar, de una vez por todas, de negocios.